Tres cuentos por fortuna breves

Halitosis

—¡Contador público titulado! —dijo ella con la malicia del que se tira un pedo dentro de las sábanas.

—¡Diseñadora gráfica! —contestó él mientras se secaba el sudor de las axilas con las palmas de las manos. Llevaba una camiseta sin mangas salpicada de sabrá dios qué. El calor era insoportable.

Ella pareció desconcertada; al fin gruñó:

—¡Administrador de empresas! Maldito administrador de empre…

—¡Licenciada en comunicación! —interrumpió él, gesticulando como borracho de banqueta, como lo que era.

Los dos se miraron a los ojos, no tenían más qué decirse; los insultos se habían acabado. El cuarto olía a vómito y a pelos de escroto y a ropa interior sucia. Él se dio media vuelta y entró al baño a masturbarse; estaba ebrio y cansado, pero todavía tenía ganas de darle un poco a la muñeca. Ella, la licenciada en administración del tiempo libre, acostada sobre la cama, lo vio cerrar la puerta del cagadero y regresó a las páginas de su Cosmopolitan.

Yo soy mí y ella es her

Me llamo Guadalupe Flores, tengo 31 años. Soy Capricornio, sin ascendente.

A veces —cuando tomo tequila o cumplo años— me transformó en Virgo, pero siento extraño. En ocasiones finjo ser Tauro, aunque es poco común, como cuando devoro historias de Aldo Nove, o es mi santo y bebo vodka en vez de ron de caña. Me llamo Guadalupe Flores y tengo 31 años con 11 meses, casi doce. Si bien bebo poco, espero con ansias ese día, mi propio aniversario. Mi primer apellido es Flores y en ocasiones soy todo menos Acuario. Eso sí, cuando bebo otra cosa que no sea tequila sodomizo a mi hermana gemela. Ella no es Flores. Ni siquiera es Tauro. En realidad no es mi hermana, ni nacimos el mismo día, pero se dice de mi familia y me sirve una copa cuando ambas cumplimos años.

Mi Simona

Desgraciadamente mi Simona es más pulcra (o más lasciva, según se le vea). Le he insistido que los platos de la mesa están hechos para sentarse. Pero ella no hace caso, desprecia la vajilla y vuelve a lo suyo… en la taza de baño. El líquido de mi Simona es siempre amarillo turbio, cosa que agradezco. El pis sin color siempre me ha parecido soso. Y no es que yo sea un enólogo de bacín o algo parecido, pero la sed es la sed y nada mejor que un poco de sal cuando uno tiene pegada la boca justo en su bollo.

Desgraciadamente mi Simona no parte huevos con el culo, ni me dice: “méame encima… méame en el culo”. Pero insisto, es más pulcra y me da de beber en el sentido más casto, en el sentido más obsceno.

Textos: Arturo Pizá Malvido

www.apiza.com

Publicados en el suplemento de cultura del diario El Occidental, Jalisco, México (2006).